A veces parece que los hombres no maduran. Que siempre tienen la imperiosa necesidad de tener juguetes a su disposición y que se enajenan e ignoran a cualquier otro ente si lo tienen enfrente.
Hoy vine al parque y hay un par jugando con sus aviones a control remoto y no son unos chamacos, son unos hombres. Hechos y derechos. Bueno, no sé qué tan derechos pero aquí los tienen.
Hay otros en cambio que vienen a correr: !A correr! Qué admirable. Yo con este sol huyo a la primer sombra, incluso a la mía si se pudiera.
Vine acá porque no quiero cometer los mismos errores laborales. Darle toda tu vida a un trabajo no es bueno, digamos que ni sano, así que si me dan horario de comida lo tomaré indiscriminadamente y me haré el hábito de la escritura, de nueva cuenta, que es lo que me gusta.
Y es entonces cuando pienso que estos pobres hombres que vuelan avioncitos a escala deben estar igual que yo: mandando todo a la mierda.
Y los admiro.
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