Después de tantas cosas que me han sucedido este año y de leer con religiosidad del blog de Lilián , puedo decir que me crecieron (nuevamente) las ganas de escribir. Mi maestro de literatura en la Universidad nos decía que escribir no era un don o cuestión de talento, era un hábito.
Luego de tanto leer, que si voy a Facebook y encuentro amigos que escriben parrafitos extraordinarios o que si en Twitter la gente es muy interesante, pues llegué a la conclusión de que esto es lo que me gusta y que lo dejé de lado por hacer otro trabajo (que también me gusta) pero que finalmente no tiene un dejo espiritual, sino más bien otro tipo de superación como lo es la laboral o comercial y la satisfacción de atender al público.
Lo único que sé desde el fondo de mí es que lo que me llena es tomar fotos y escribir. Eso es para lo que nací y eso es lo que siempre voy a hacer hasta el día que me muera. Ahora, aquí en medio de mi oficina, con mi escritorio lleno de pendientes y muchas apuraciones, lo único que me motiva para estar frente al monitor es precisamente que tengo la oportunidad de cada día escribir algo. Cosas tontas, más bien, pero que le van haciendo el hábito a uno de leerse y de madurarse... de recrearse.
De lo único que estoy segura en esta vida es que sé (a mis treinta y un años) por fin... a lo que me quiero dedicar. Así que ahora lo haré mi vida.
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